viernes, 10 de septiembre de 2010

Warisata

Gesta y Fotografía es el título de un libro de Carlos Salazar Mostajo que refleja el proceso tan intenso vivido en Warisata, cuna de la escuela ayllu.

Santiago Poma es uno de los primeros nombres que surgió en la historia de la educación boliviana. A finales del siglo XIX, natural de Achacachi, trató de erigir una escuela para su comunidad, motivo por el que fue arrastrado por dos caballos, torturado y encarcelado durante tres años. Y los oficiales destruyeron entonces el incipiente edificio donde los indígenas buscaban satisfacer su sed de conocimientos. Pero, ya asentado en la vejez, el destino le concedió a Poma una recompensa: poder ser partícipe de la construcción de Warisata.

´Gesta y fotografía. Historia de Warisata en imágenes´ es un libro que realiza un recorrido a través de la gráfica la historia de la escuela ayllu y sus réplicas en todo el territorio. Es una obra escrita por el desaparecido artista, educador y escritor Carlos Salazar Mostajo en la que destaca su compromiso con el proyecto y el valor documental de sus fotografías en la reconstrucción de los hechos.

´Warisata fue la mayor experiencia revolucionaria que el país ha producido en el campo de la educación, y fue la gesta que liberó al indio, si por liberación entendemos el haber despejado de su conciencia las brumas serviles que lo habían envilecido por siglos. A pesar de su breve vigencia (de 1931 a 1940) estableció verdades definitivas que no deben ser olvidadas. La principal de ellas, que no podía educarse a un estrato de servidumbre sin plantear al mismo tiempo una condición libertaria. Este principio fue, de hecho, una proposición para la liquidación del régimen feudal´, expresa Salazar Mostajo en el prólogo de la obra, escrita en el 2003.

En Warisata no se educaba a pongos y siervos, sino que a partir de la educación se buscaba romper la servidumbre de esos días. ´El reto estaba lanzado y dio lugar a un movimiento de masas que conmovió al país, llevando el mensaje de Warisata hasta los confines de la nación, a las fronteras, a los valles, a la llanura y hasta a la selva. No se quería inducir a un levantamiento general, sino llegar a la conciencia histórica de la revolución, como el único camino posible para la consolidación nacional. Las jornadas de abril de 1952, la Reforma Agraria y la liberación del yugo feudal no hubieran sido posibles sin esta decisiva transformación en la mente del indio´, dice Salazar.

Cultura de la liberación
Temerario y contrario a los castigos, el indígena Avelino Siñani enfrentó a sus patrones fundando escuelas clandestinas, pues la educación estaba prohibida para los indígenas. El intelectual Elizardo Pérez se le unió y juntos implementaron centros educativos indígenas, erigiendo la primera normal para profesores nativos.

Pérez recordaba muy bien el primer encuentro con Siñani, o por lo menos así lo describió en sus escritos. “Corría el año 1917. En mi carácter de inspector de La Paz, visitaba las escuelas del distrito, incluyendo las indigenales de Saracho; ahí conocí la región de Warisata, donde funcionaba una humilde escuela fiscal. Mi visita no hubiera tenido ninguna trascendencia si no hubiera encontrado, en la misma zona, otra escuelita particular, dirigida por un indio llamado Avelino Siñani”.

En Warisata, a dos horas de viaje desde La Paz, entre cordilleras nevadas y sembradíos de cebolla, papa, haba y nabo, Pérez y Siñani encontraron asidero para sus ideas. Rápidamente, la población se convirtió en el núcleo de 70 escuelas individuales y, en 1937, se fundó una nueva escuela destinada a capacitar a maestros indígenas para estudiantes indígenas. De ahí hasta hoy, la normal fue el símbolo de la resistencia aymara.

Como explica Salazar Mostajo, Warisata produjo una verdadera revolución en el campo pedagógico: restauró el antiguo Parlamento Amauta, donde el indio recupera su derecho a hablar, pensar y forjar su destino. ´Concibe la forma suprema de la educación para un país pobre: la escuela del trabajo productivo, que se autoabastece por el taller y la tierra. Establece, como condición esencial de la escuela rural, su naturaleza agraria. La Escuela sale de su recinto, se in- corpora a la sociedad, la conduce y enriquece, es la escuela \'ayllu\'. Implanta la escuela única, la coeducación, la escuela laica, la escuela \'marca\'. Hace plástica, música, literatura, rescata la tradición cultural sin atarla a tabúes raciales, deja el pasado y salta a la modernidad´.

Estos cambios incluían la supresión del horario, las vacaciones y los exámenes; la co-educación (escuelas mixtas, revolucionarias para la época); la reducción del tiempo de escolaridad; el bilingüismo; la formación del espíritu a través del trabajo; el desarrollo de cualidades y aptitudes psicomotoras mediante la plástica, la música y la educación física; la reducción de la carga curricular; y la buena alimentación e higiene.

Así, la escuela ayllu se autoabastecía y no necesitaba del Estado. Y Warisata llegó a tener más de doscientos niños internos de ambos sexos, mantenidos con los propios recursos de la escuela.

Derrumbe de Warisata
´El Estado feudal no podía admitir una escuela que ponía en serio riesgo su permanencia como régimen. Así, en 1940 empieza su saqueo y su destrucción, con la complicidad posterior del Estado surgido en 1952. La servidumbre política sustituye a la servidumbre feudal. El amauta es reemplazado por el demagogo, el líder por el traficante sindical. La insensata política del nuevo Estado, abusiva, brutal y discriminatoria, va apartando cada vez más al indio de las finalidades sociales por las que había luchado, con Warisata a la cabeza´, describe Salazar.

La normal, levantada en 1930 con jornadas de trabajo voluntario de cientos de aymaras, había caído. La destrucción de la escuela se convirtió en un fuerte revés para la educación indígena y las ansias de educación libre. Por eso, quienes habían luchado por su construcción, lloraban por su caída. Es así que los que recuerdan esos hechos dicen que, cuando Warisata fue destruida, el Tata Avelino Siñani se murió de pena. Sin embargo, su figura, junto a la de Elizardo Pérez y su equipo de luchadores, permanece hoy para revivir sus glorias a través del testimonio de los supervivientes y el relato mudo de estas imágenes.

La escuela ayllu creció como una experiencia revolucionaria en materia de educación, otorgando a los indígenas un rol protagónico.

En cierto modo, Warisata nació como reacción a la falta de oportunidades del campesino para acceder a una formación integral.

El autor
Carlos Salazar Mostajo nació en La Paz en mayo de 1916. En 1939 recibió el título de maestro rural normalista en la Normal de Warisata, en la que luego se desempeñó como profesor y director. También dirigió la Escuela Normal Rural de Caiza ´D´. Entre 1952 y 1979 fue profesor de historia del arte y estética en la Escuela Superior de Bellas Artes Hernando Siles y entre 1979 y 1980 fue su director. Entre 1979 y 1995 fue catedrático de historia del arte en la carrera de artes de la UMSA. En 1982 fue director y, de 1983 a 1989, director de estudios. Salazar fue pintor autodidacta. La Normal Rural de Warisata (la escuela ayllu) fue su máxima inspiración. Escribió artículos, ensayos, poesía y libros acerca de la filosofía de esta normal, en la que vivió por casi 10 años. Entre sus principales publicaciones sobre este tema están: ´¡Warisata mía!´ (1983, tercera edición 1998), ´La Taika, teoría y práctica de la Escuela-ayllu´ (1986, segunda edición 1992), ´El fin de lo indio´ (1990), ´Historia de Warisata en imágenes´ (1992), ´Elizardo Pérez, precursor de la liberación del indio´ (co-autoría, 1992), ´Tres ensayos disidentes´ (1995, segunda edición 2004). Como crítico de arte, escribió ´La pintura contemporánea de Bolivia´, en 1989, y ´Dialecestética´, en 1993. Como artista realizó exposiciones colectivas en México y dos muestras retrospectivas, además de tres murales. En 2001 y 2002 realizó la exposición fotográfica ´¡Warisata mía!´. Fue Director de las Bienales Internacionales de Arte Bolivia (1981, 1983 y 1985). Debido a su muerte, en abril de 2004, Salazar dejó libros sin editar.

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